Germinar una lenteja
Un tarro de cristal, algodón húmedo, tres lentejas secas: en ocho días, una planta de verdad.
Germinar una lenteja es una actividad Montessori para un niño de 3-4 años. Ámbito: Descubrir el mundo. Duración: 10 min.
Qué aporta la actividad
Seguir el nacimiento de una planta desde el primer día hasta el último, y comprender por observación que una semilla necesita agua para arrancar.
El material
- Un tarro de cristal transparente, o un vaso
- Algodón, o papel absorbente doblado
- Tres o cuatro lentejas secas, o alubias secas, más grandes y más fáciles de seguir
- Un pulverizador de agua pequeño
Cómo hacerlo, paso a paso
- Rellene el tarro de algodón, dejando bien visible el espacio contra el cristal.
- Deslice las lentejas entre el algodón y el cristal, para que se vean todas.
- Pulverice hasta que el algodón esté húmedo, nunca empapado.
- Coloque el tarro a la luz, a la altura de su hijo.
- Cada mañana, es él quien pulveriza, una vez, y quien mira.
- Al cabo de unos días, la raíz baja y el tallo sube: no diga nada, deje que le llame él.
El papel del adulto
El gesto diario vale más que la explicación. El control del error es claro y sin apelación: una semilla olvidada varios días no germina, y esa lección enseña más que cualquier recordatorio. Prepare dos tarros si prefiere que un olvido no arruine todo el experimento.
Seguridad
Las lentejas y las alubias secas son semillas pequeñas y duras que presentan riesgo de atragantamiento e inhalación: presencia permanente, y el paquete se guarda en alto. La alubia roja cruda es tóxica, no la dé nunca a probar. Laven las manos después de tocar la tierra o el algodón húmedo.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: una sola alubia grande, que crece de forma muy visible.
- Más difícil: dos tarros, uno a la luz y otro en un armario, y compara al cabo de una semana.
- Para continuar: cuando el tallo sea alto, planten el brote en tierra y sigan la historia.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 3-4 años.
Doblar servilletas
Hacer coincidir dos esquinas, y luego otras dos. Geometría que huele a detergente.
Ensartar cuentas
Acertar en un agujero de pocos milímetros con un cordón. Concentración garantizada.
Lavar la mesa
Una tarea doméstica de verdad, desde el principio hasta recoger. A los niños les encanta porque es útil.
Adivino el primer sonido
« Veo una cosa que empieza por mmm... » El primerísimo paso hacia la lectura.
Trasvasar con pinzas
Unas pinzas de cocina, un hueco vacío que llenar, y tres dedos trabajando en silencio.
El juego de los contrarios
Pesado y ligero, áspero y suave: palabras que se entienden con las manos antes de decirlas.
Abrochar y desabrochar
Una tira de tela con botones grandes, y el gesto paciente que lleva a vestirse solo.
Emparejar las texturas
Parejas de telas que se buscan solo con el tacto, con los ojos cerrados: el sentido del tacto que se afina.
Caminar sobre la línea
Una cinta en el suelo, y todo el cuerpo que aprende el equilibrio y la calma, paso a paso.
El juego del silencio
Hacer silencio juntos, escucharlo, y luego oír su nombre susurrado: el juego más tranquilo del mundo.
Uno para cada uno
Una nuez por cuenco, ni dos ni ninguna: la correspondencia uno a uno, la base de todo el cálculo.
Las cajas de los sonidos
Cajas cerradas que susurran o chasquean: encontrar las parejas solo de oído.
Enroscar tuercas en tornillos
Tornillos y tuercas de verdad, con tamaños que no hay que mezclar: el taller en la punta de los dedos.
De más claro a más oscuro
Siete tonos de un mismo color para poner en orden: el ojo aprende a ver con más finura.
Contar los escalones
Un número por escalón, una palabra por paso: la serie de los números entra en el cuerpo.
Poner las imágenes en orden
Tres imágenes de una misma historia para ordenar, y luego contar: el relato se construye.
Las barras numéricas
Barras de longitudes crecientes: la cantidad se convierte en algo que se ve y se sopesa.
El juego de las rimas
Gato y zapato terminan igual: el oído se prepara para leer sin abrir ningún libro.
Verter con un embudo
Un embudo, una botella de cuello estrecho, y el agua que pasa si la mano se mantiene firme.
¿Cuántos hay?
Contar pequeñas colecciones de verdad desplazando cada objeto: una palabra, un gesto, nunca más.
Asociar la cifra y la cantidad
La cifra escrita se encuentra por fin con la cantidad que representa, ficha a ficha.
Dar palmadas en las sílabas de las palabras
Una palabra, unas palmadas: el niño oye que las palabras están hechas de trozos.
Clasificar las imágenes en familias
Los animales por un lado, las frutas por otro: el vocabulario se ordena en cajones.
Oler y reconocer los olores
Dos series de botecitos, y un sentido que casi nunca se ejercita: el olfato.
Trazar formas con plantilla
El lápiz sigue el borde de la forma: la mano aprende a detenerse donde toca.
Lo que se disuelve
La sal desaparece, la arena se queda en el fondo: tres vasos de agua y una pregunta real.
El imán y los objetos
Un imán, diez objetos de casa, dos montones: lo que se ve atraído y lo que se resiste.
Mezclar los colores en el agua
Azul y amarillo en dos vasos, y ante sus propios ojos aparece el verde que no existía.
Observar un bicho con lupa
Un caracol dentro de un tarro, una lupa, cinco minutos de mirada, y luego se le suelta.
Tierra, aire, agua
El pez en el agua, el pájaro en el aire, el caballo en la tierra: cada animal tiene su mundo.
Las partes de la planta
Una zanahoria con sus hojas, separada pieza a pieza sobre la mesa: la raíz, el tallo y la hoja.