Oler y reconocer los olores
Dos series de botecitos, y un sentido que casi nunca se ejercita: el olfato.
Qué aporta la actividad
Aislar el olfato, el sentido más descuidado, y emparejar dos olores idénticos. No se pide nombrar: se pide reconocer, que es mucho más fino. Con los ojos cerrados, el niño descubre que percibe diferencias que nunca había notado.
El material
- Seis botecitos opacos idénticos, con una tapa perforada o una tela tensada
- Tres olores intensos por duplicado: café, vainilla, lavanda, por ejemplo
- Una pegatina del mismo color debajo de los dos botes de cada pareja
Cómo hacerlo, paso a paso
- Alinee tres botes delante de usted y tres delante de él.
- Coja un bote, acérquelo a su nariz, respire una vez, y déjelo.
- Coja uno de su fila, huélalo, y ponga los dos botes uno junto al otro.
- Él continúa solo: huele, busca, acerca los botes que van juntos.
- Da la vuelta a los botes: dos pegatinas del mismo color confirman la pareja.
El papel del adulto
Se respira una sola vez por bote: la nariz se satura rápido y deja de distinguir nada después de tres o cuatro inspiraciones. No nombre los olores durante el emparejamiento, eso convertiría un trabajo de la nariz en un ejercicio de memoria. Los nombres llegarán más tarde, en la lección en tres tiempos, una vez encontradas las parejas.
Seguridad
Nunca aceite esencial puro sobre la piel ni en un bote abierto, nunca productos de limpieza ni sustancias irritantes. Olores alimentarios, en poca cantidad, en botes que no se abren solos. Si hay una alergia conocida, se descarta ese olor.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: solo dos parejas, de olores muy diferentes.
- Más difícil: cuatro parejas, con dos olores parecidos como naranja y limón.
- Para continuar: oler las especias de la cocina, con los ojos cerrados, y adivinar el plato.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 3-4 años.
Doblar servilletas
Hacer coincidir dos esquinas, y luego otras dos. Geometría que huele a detergente.
Ensartar cuentas
Acertar en un agujero de pocos milímetros con un cordón. Concentración garantizada.
Lavar la mesa
Una tarea doméstica de verdad, desde el principio hasta recoger. A los niños les encanta porque es útil.
Adivino el primer sonido
« Veo una cosa que empieza por mmm... » El primerísimo paso hacia la lectura.
Trasvasar con pinzas
Unas pinzas de cocina, un hueco vacío que llenar, y tres dedos trabajando en silencio.
El juego de los contrarios
Pesado y ligero, áspero y suave: palabras que se entienden con las manos antes de decirlas.
Abrochar y desabrochar
Una tira de tela con botones grandes, y el gesto paciente que lleva a vestirse solo.
Emparejar las texturas
Parejas de telas que se buscan solo con el tacto, con los ojos cerrados: el sentido del tacto que se afina.
Caminar sobre la línea
Una cinta en el suelo, y todo el cuerpo que aprende el equilibrio y la calma, paso a paso.
El juego del silencio
Hacer silencio juntos, escucharlo, y luego oír su nombre susurrado: el juego más tranquilo del mundo.
Uno para cada uno
Una nuez por cuenco, ni dos ni ninguna: la correspondencia uno a uno, la base de todo el cálculo.
Las cajas de los sonidos
Cajas cerradas que susurran o chasquean: encontrar las parejas solo de oído.
Enroscar tuercas en tornillos
Tornillos y tuercas de verdad, con tamaños que no hay que mezclar: el taller en la punta de los dedos.
De más claro a más oscuro
Siete tonos de un mismo color para poner en orden: el ojo aprende a ver con más finura.
Contar los escalones
Un número por escalón, una palabra por paso: la serie de los números entra en el cuerpo.
Poner las imágenes en orden
Tres imágenes de una misma historia para ordenar, y luego contar: el relato se construye.
Las barras numéricas
Barras de longitudes crecientes: la cantidad se convierte en algo que se ve y se sopesa.
El juego de las rimas
Gato y zapato terminan igual: el oído se prepara para leer sin abrir ningún libro.
Verter con un embudo
Un embudo, una botella de cuello estrecho, y el agua que pasa si la mano se mantiene firme.
¿Cuántos hay?
Contar pequeñas colecciones de verdad desplazando cada objeto: una palabra, un gesto, nunca más.
Asociar la cifra y la cantidad
La cifra escrita se encuentra por fin con la cantidad que representa, ficha a ficha.
Dar palmadas en las sílabas de las palabras
Una palabra, unas palmadas: el niño oye que las palabras están hechas de trozos.
Clasificar las imágenes en familias
Los animales por un lado, las frutas por otro: el vocabulario se ordena en cajones.
Trazar formas con plantilla
El lápiz sigue el borde de la forma: la mano aprende a detenerse donde toca.