Contar los escalones
Un número por escalón, una palabra por paso: la serie de los números entra en el cuerpo.
Qué aporta la actividad
Instalar la serie oral de los números en una experiencia del cuerpo: una palabra por escalón, exactamente, ni más deprisa ni más despacio. Es la correspondencia entre el gesto y la palabra-número, el conteo de verdad, no la simple recitación.
El material
- Una escalera familiar, o en su defecto una fila de baldosas, de adoquines, de lamas del parquet
- Nada más: el cuerpo cuenta
- Los mismos escalones cada día, para que la serie se instale
Cómo hacerlo, paso a paso
- Suban juntos la escalera, con la mano en la barandilla, y cuenten SUS pasos en voz alta: «uno» en el primer escalón, «dos» en el segundo, sin apresurarse.
- Al día siguiente, cuenten juntos: su voz se ajusta a la de usted, una palabra por escalón.
- Después déjele contar solo, y calle, aunque se salte un número.
- Si va más deprisa que sus pies, no corrija: el pie y la palabra se reajustarán con los días.
- Varíen un día: contar bajando, contar los pasos hasta la puerta, las cucharas puestas en la mesa.
El papel del adulto
Recitar «unodostrescuatro» como una canción no es contar: lo que importa aquí es UNA palabra por UN paso. La escalera lo impone mejor que cualquier lección, no se puede subir más deprisa que las propias piernas. No lo examine nunca («¡cuenta hasta diez!»): se cuenta lo que hay delante, escalones, manzanas, botones, nunca en el vacío.
Seguridad
La mano en la barandilla o en la suya mientras la escalera no esté perfectamente dominada. Se cuenta subiendo: al bajar, primero se miran los pies.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: contar solo tres escalones, los tres primeros, y terminar la escalera sin contar.
- Más difícil: pararse en seco en el escalón «cinco», como en el juego de las estatuas.
- Para continuar: poner la mesa contando, la actividad que espera a este niño a los 4 años.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 3-4 años.
Doblar servilletas
Hacer coincidir dos esquinas, y luego otras dos. Geometría que huele a detergente.
Ensartar cuentas
Acertar en un agujero de pocos milímetros con un cordón. Concentración garantizada.
Lavar la mesa
Una tarea doméstica de verdad, desde el principio hasta recoger. A los niños les encanta porque es útil.
Adivino el primer sonido
« Veo una cosa que empieza por mmm... » El primerísimo paso hacia la lectura.
Trasvasar con pinzas
Unas pinzas de cocina, un hueco vacío que llenar, y tres dedos trabajando en silencio.
El juego de los contrarios
Pesado y ligero, áspero y suave: palabras que se entienden con las manos antes de decirlas.
Abrochar y desabrochar
Una tira de tela con botones grandes, y el gesto paciente que lleva a vestirse solo.
Emparejar las texturas
Parejas de telas que se buscan solo con el tacto, con los ojos cerrados: el sentido del tacto que se afina.
Caminar sobre la línea
Una cinta en el suelo, y todo el cuerpo que aprende el equilibrio y la calma, paso a paso.
El juego del silencio
Hacer silencio juntos, escucharlo, y luego oír su nombre susurrado: el juego más tranquilo del mundo.
Uno para cada uno
Una nuez por cuenco, ni dos ni ninguna: la correspondencia uno a uno, la base de todo el cálculo.
Las cajas de los sonidos
Cajas cerradas que susurran o chasquean: encontrar las parejas solo de oído.
Enroscar tuercas en tornillos
Tornillos y tuercas de verdad, con tamaños que no hay que mezclar: el taller en la punta de los dedos.
De más claro a más oscuro
Siete tonos de un mismo color para poner en orden: el ojo aprende a ver con más finura.
Poner las imágenes en orden
Tres imágenes de una misma historia para ordenar, y luego contar: el relato se construye.
Las barras numéricas
Barras de longitudes crecientes: la cantidad se convierte en algo que se ve y se sopesa.
El juego de las rimas
Gato y zapato terminan igual: el oído se prepara para leer sin abrir ningún libro.
Verter con un embudo
Un embudo, una botella de cuello estrecho, y el agua que pasa si la mano se mantiene firme.
¿Cuántos hay?
Contar pequeñas colecciones de verdad desplazando cada objeto: una palabra, un gesto, nunca más.