¿Cuántos hay?
Contar pequeñas colecciones de verdad desplazando cada objeto: una palabra, un gesto, nunca más.
Qué aporta la actividad
Pasar de la recitación al conteo verdadero: cada palabra número corresponde a UN objeto, y la última palabra pronunciada da la cantidad total. Desplazar el objeto contado hace visible esta regla e impide contar dos veces.
El material
- Una cesta de objetos pequeños idénticos: castañas, tapones, botones grandes
- Dos platitos, uno para los objetos por contar, otro para los ya contados
- Una alfombrita, y colecciones de tres a cinco objetos para empezar
Cómo hacerlo, paso a paso
- Ponga una pequeña colección en el platito de la izquierda, el de la derecha vacío.
- Coja un objeto, diga « uno » al dejarlo a la derecha. Después « dos » con el siguiente. Una palabra, un objeto desplazado.
- Cuando el platito de la izquierda quede vacío, repita el último número señalando todo el montón: « hay cuatro ».
- Vuelva a poner todo a la izquierda y proponga que cuente él esta vez.
- Varíe las colecciones, y un día cuenten lo que anda por casa: las cucharas, los zapatos, los escalones.
El papel del adulto
El gesto de desplazar lo es todo: sin él, el niño cuenta dos veces el mismo objeto o se salta uno, y el conteo se convierte en una canción. Repetir el último número señalando el conjunto no es un tic, es lo que enseña que el número dice la CANTIDAD, no el lugar del último objeto. Si se equivoca, no cuente usted en su lugar, empiecen juntos otra vez desde uno.
Seguridad
Objetos demasiado grandes para la boca, sobre todo si hay un hermano menor en la habitación. Se cuenta sentado, en la alfombrita.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: tres objetos, muy espaciados.
- Más difícil: hasta diez, o contar objetos en desorden sin desplazarlos.
- Para continuar: asociar la cifra escrita a la colección contada.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 3-4 años.
Doblar servilletas
Hacer coincidir dos esquinas, y luego otras dos. Geometría que huele a detergente.
Ensartar cuentas
Acertar en un agujero de pocos milímetros con un cordón. Concentración garantizada.
Lavar la mesa
Una tarea doméstica de verdad, desde el principio hasta recoger. A los niños les encanta porque es útil.
Adivino el primer sonido
« Veo una cosa que empieza por mmm... » El primerísimo paso hacia la lectura.
Trasvasar con pinzas
Unas pinzas de cocina, un hueco vacío que llenar, y tres dedos trabajando en silencio.
El juego de los contrarios
Pesado y ligero, áspero y suave: palabras que se entienden con las manos antes de decirlas.
Abrochar y desabrochar
Una tira de tela con botones grandes, y el gesto paciente que lleva a vestirse solo.
Emparejar las texturas
Parejas de telas que se buscan solo con el tacto, con los ojos cerrados: el sentido del tacto que se afina.
Caminar sobre la línea
Una cinta en el suelo, y todo el cuerpo que aprende el equilibrio y la calma, paso a paso.
El juego del silencio
Hacer silencio juntos, escucharlo, y luego oír su nombre susurrado: el juego más tranquilo del mundo.
Uno para cada uno
Una nuez por cuenco, ni dos ni ninguna: la correspondencia uno a uno, la base de todo el cálculo.
Las cajas de los sonidos
Cajas cerradas que susurran o chasquean: encontrar las parejas solo de oído.
Enroscar tuercas en tornillos
Tornillos y tuercas de verdad, con tamaños que no hay que mezclar: el taller en la punta de los dedos.
De más claro a más oscuro
Siete tonos de un mismo color para poner en orden: el ojo aprende a ver con más finura.
Contar los escalones
Un número por escalón, una palabra por paso: la serie de los números entra en el cuerpo.
Poner las imágenes en orden
Tres imágenes de una misma historia para ordenar, y luego contar: el relato se construye.
Las barras numéricas
Barras de longitudes crecientes: la cantidad se convierte en algo que se ve y se sopesa.
El juego de las rimas
Gato y zapato terminan igual: el oído se prepara para leer sin abrir ningún libro.
Verter con un embudo
Un embudo, una botella de cuello estrecho, y el agua que pasa si la mano se mantiene firme.