Clasificar las imágenes en familias
Los animales por un lado, las frutas por otro: el vocabulario se ordena en cajones.
Qué aporta la actividad
Agrupar imágenes por categoría y nombrar la categoría misma. El niño aprende que el lenguaje tiene niveles: la manzana es una fruta, el perro es un animal. Es esa organización en cajones lo que hace que una palabra nueva encuentre enseguida su sitio.
El material
- Doce imágenes realistas, cuatro de cada familia: animales, frutas, vehículos
- Tres cartulinas de color liso que servirán de zonas
- Una alfombrita bastante grande para extenderlo todo
Cómo hacerlo, paso a paso
- Ponga las tres cartulinas en fila y mezcle las doce imágenes en un montón.
- Coja una imagen, nombre lo que muestra, y colóquela sobre una cartulina.
- Haga lo mismo dos veces más, una imagen por familia, y después retire las manos.
- Él va sacando las imágenes una a una y las coloca donde cree que van.
- Al final, nombre la familia de cada columna: los animales, las frutas, los vehículos.
El papel del adulto
La familia se nombra al FINAL, nunca al principio: si anuncia las tres categorías de entrada, él clasificará siguiendo su consigna en lugar de buscar por sí mismo el punto en común. Una imagen mal colocada se deja donde está; al nombrar la columna, el desajuste se ve solo y él mismo la cambia de sitio.
Seguridad
Imágenes sobre cartón grueso, sin esquinas puntiagudas, y sin plastificado que se despegue en tiras finas.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: solo dos familias, muy alejadas entre sí.
- Más difícil: cuatro familias, dos de ellas cercanas como frutas y verduras.
- Para continuar: buscar por la casa un objeto que añadir a cada familia.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 3-4 años.
Doblar servilletas
Hacer coincidir dos esquinas, y luego otras dos. Geometría que huele a detergente.
Ensartar cuentas
Acertar en un agujero de pocos milímetros con un cordón. Concentración garantizada.
Lavar la mesa
Una tarea doméstica de verdad, desde el principio hasta recoger. A los niños les encanta porque es útil.
Adivino el primer sonido
« Veo una cosa que empieza por mmm... » El primerísimo paso hacia la lectura.
Trasvasar con pinzas
Unas pinzas de cocina, un hueco vacío que llenar, y tres dedos trabajando en silencio.
El juego de los contrarios
Pesado y ligero, áspero y suave: palabras que se entienden con las manos antes de decirlas.
Abrochar y desabrochar
Una tira de tela con botones grandes, y el gesto paciente que lleva a vestirse solo.
Emparejar las texturas
Parejas de telas que se buscan solo con el tacto, con los ojos cerrados: el sentido del tacto que se afina.
Caminar sobre la línea
Una cinta en el suelo, y todo el cuerpo que aprende el equilibrio y la calma, paso a paso.
El juego del silencio
Hacer silencio juntos, escucharlo, y luego oír su nombre susurrado: el juego más tranquilo del mundo.
Uno para cada uno
Una nuez por cuenco, ni dos ni ninguna: la correspondencia uno a uno, la base de todo el cálculo.
Las cajas de los sonidos
Cajas cerradas que susurran o chasquean: encontrar las parejas solo de oído.
Enroscar tuercas en tornillos
Tornillos y tuercas de verdad, con tamaños que no hay que mezclar: el taller en la punta de los dedos.
De más claro a más oscuro
Siete tonos de un mismo color para poner en orden: el ojo aprende a ver con más finura.
Contar los escalones
Un número por escalón, una palabra por paso: la serie de los números entra en el cuerpo.
Poner las imágenes en orden
Tres imágenes de una misma historia para ordenar, y luego contar: el relato se construye.
Las barras numéricas
Barras de longitudes crecientes: la cantidad se convierte en algo que se ve y se sopesa.
El juego de las rimas
Gato y zapato terminan igual: el oído se prepara para leer sin abrir ningún libro.
Verter con un embudo
Un embudo, una botella de cuello estrecho, y el agua que pasa si la mano se mantiene firme.
¿Cuántos hay?
Contar pequeñas colecciones de verdad desplazando cada objeto: una palabra, un gesto, nunca más.
Asociar la cifra y la cantidad
La cifra escrita se encuentra por fin con la cantidad que representa, ficha a ficha.
Dar palmadas en las sílabas de las palabras
Una palabra, unas palmadas: el niño oye que las palabras están hechas de trozos.
Oler y reconocer los olores
Dos series de botecitos, y un sentido que casi nunca se ejercita: el olfato.
Trazar formas con plantilla
El lápiz sigue el borde de la forma: la mano aprende a detenerse donde toca.