Caminar descalzo sobre tres suelos
La hierba, la arena, las baldosas: el pie descubre que el suelo no es igual en todas partes.
Caminar descalzo sobre tres suelos es una actividad Montessori para un niño de 18 meses-2 años. Ámbito: Descubrir el mundo. Duración: 10 min.
Qué aporta la actividad
Afinar la sensibilidad de la planta del pie, enriquecer el equilibrio, y descubrir tres suelos con todo el cuerpo.
El material
- Tres superficies distintas y accesibles: hierba, arena o grava fina, baldosa o suelo de interior
- Un lugar limpio y comprobado de antemano
- Algo para secar los pies al final
Cómo hacerlo, paso a paso
- Compruebe primero el suelo con las manos: sin cristales, sin espinas, sin superficies calientes.
- Descálcese, descalce a su hijo, y ponga sus propios pies sobre la primera superficie.
- Camine despacio unos pasos, y espere.
- Deje que se acerque, o no. Algunos niños se quedan mucho tiempo en el borde antes de atreverse.
- Pase a la segunda superficie, y luego a la tercera, siempre en el mismo orden.
- Sequen los pies juntos al final, sentados, nombrando los tres suelos.
El papel del adulto
No lleve nunca a su hijo en brazos hasta una superficie que rechaza. Un niño que retrocede ante la arena no está haciendo un capricho, está midiendo. Su propio pie descalzo a su lado es la única invitación necesaria.
Seguridad
Compruebe cada superficie con la mano antes, incluida la arena de los parques infantiles. Controle la temperatura al sol, una baldosa puede quemar. Evite suelos tratados y los bordes de la carretera. Vigile sin interrupción, y calce de nuevo en cuanto termine la actividad.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: dos superficies muy distintas, en casa, alfombra y baldosa.
- Más difícil: añada una tabla de madera o una alfombrilla de espuma para comparar.
- Para continuar: repita la actividad después de la lluvia, la hierba mojada no tiene nada que ver.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 18 meses-2 años.
Trasvasar con cuchara
Dos cuencos, una cuchara, unos garbanzos: la primera gran obra de la autonomía.
Las pinzas de la ropa en la cesta
Pinzar, enganchar, soltar: tres dedos que trabajan para la escritura del futuro.
La bolsa misteriosa
Reconocer un objeto solo con tocarlo, sin verlo. Un pequeño truco de magia del tacto.
Regar una planta
Una responsabilidad de verdad, al alcance de un niño de dieciocho meses.
La cesta de los objetos reales
Cinco objetos de casa en una cesta, y una palabra justa puesta sobre cada uno.
Los aros en el palo
Apuntar, deslizar, soltar: el primer gesto de precisión, con un buen ruido al final.
La cesta de los tesoros
Una cesta de objetos reales para explorar libremente, con las manos y la boca: el primerísimo descubrimiento sensorial.
Abrir y cerrar cajas
Cajas y frascos de todo tipo, para abrir y volver a cerrar: cada tapa exige un gesto distinto.
La hucha de fichas
Meter fichas grandes por la ranura de una caja, una a una, y volver a abrirla para encontrarlas: un clásico que fascina.
Leer un libro de imágenes realistas
Un libro de fotos reales y un adulto totalmente disponible: las palabras entran sentadas en su regazo.
Poner la ropa en el cesto
Los calcetines al cesto, cada noche: la primera responsabilidad de verdad, a su altura.
El primer encaje
Un puzle de una sola pieza redonda con un botón grande: el círculo entra, o no entra.
Transportar su silla
Llevar su sillita con las dos manos y dejarla sin ruido: todo el cuerpo aprende a controlarse.
La caja de permanencia
La pelota desaparece en el agujero... y reaparece en el cajón: el misterio de los objetos que vuelven.
Cantar canciones con gestos
Las mismas canciones, los mismos gestos, todos los días: la música que instala las palabras.
Apilar cubos
Poner un cubo sobre otro, soltar sin tirarlo todo: la mano aprende la suavidad.
Llevar una bandeja
Una bandeja a dos manos, un trayecto corto y un vaso que no debe caerse: el gran gesto de la autonomía.
Desenrollar su alfombra
Desenrollar una alfombrita, trabajar sobre ella, y enrollarla y guardarla: el marco de todo lo demás.
Los cilindros de encaje
Cilindros de tamaños distintos, un solo hueco posible para cada uno: la madera no miente.
Señalar las partes del cuerpo
¿Dónde está tu nariz, dónde está tu codo? Las palabras del cuerpo entran por el dedo que toca.
Beber solo en un vaso
Un vaso de verdad, con un poco de agua en el fondo, y el orgullo de beber como los mayores.
Hacer rodar una pelota
Una pelota que va, rueda y vuelve: el primer intercambio entre dos, sin decir una palabra.
Imitar los sonidos de los animales
La vaca hace muu, el gato hace miau: las primeras palabras suelen empezar por ahí.
Los instrumentos para agitar
Un cascabel, unas maracas, un pandero: descubrir que un gesto produce un sonido.
Abrir una cremallera
Pinzar el tirador y tirar de un golpe firme: un gesto que abre abrigos y estuches.
La cesta de la naturaleza
Una piña, un trozo de corteza, un guijarro liso: el mundo de fuera entra en casa y se nombra.
Tocar el agua, la arena y la tierra
Tres cubetas, tres materias, diez dedos: la primera lección de ciencias se hace con la piel.
Escuchar los ruidos de fuera
Una ventana abierta, dos minutos de silencio, y el mundo de fuera empieza por fin a hablar.
Oler las hierbas aromáticas
Una hoja de hierbabuena aplastada entre dos dedos deja un olor que recordará toda la vida.
Ver caer la lluvia
Un día de lluvia, un cristal frío, y el agua que baja dibujando caminos que no se repiten.
Dar de comer a los pájaros
Semillas en un comedero, y la espera silenciosa, que ya es la mejor parte de la actividad.