Transportar su silla
Llevar su sillita con las dos manos y dejarla sin ruido: todo el cuerpo aprende a controlarse.
Qué aporta la actividad
Coordinar todo el cuerpo alrededor de un objeto incómodo: agarrar, llevar, esquivar, dejar. El silencio es el control del error: una silla bien dejada no hace ningún ruido, y el niño lo oye él mismo.
El material
- Una sillita a su medida, bastante ligera para que él solo pueda llevarla
- Un trayecto corto y despejado, por ejemplo del rincón de comer al rincón de lectura
- Nada más: la silla del niño es el material
Cómo hacerlo, paso a paso
- Enséñele el agarre: una mano en el respaldo, otra bajo el asiento, la silla pegada al cuerpo.
- Llévela despacio unos pasos, mirando hacia delante, y déjela: primero las patas de atrás, luego las de delante, sin hacer ruido.
- Marque el silencio con un pequeño gesto: se ha conseguido cuando no se ha oído nada.
- Propóngale llevar su silla a su vez, por el mismo trayecto corto.
- Déjele repetirlo, hacia la mesa, hacia la ventana: cada trayecto es un ejercicio completo.
El papel del adulto
El reflejo es llevarle la silla o corregirle el trayecto: déjele tropezar un poco con las esquinas, ajustar su agarre, resoplar. El ruido al dejarla lo dice todo: si suena un golpe, sabe que puede dejarla con más cuidado. No diga «cuidado», enséñele de nuevo el gesto lento, más tarde.
Seguridad
Una silla ligera y estable, sin astillas, y un trayecto sin escaleras ni obstáculos en el suelo. Se lleva una silla vacía: nunca con algo puesto encima al mismo tiempo.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: empujar la silla suavemente bajo la mesa, sin levantarla.
- Más difícil: un trayecto más largo con un giro, o llevar el banquito.
- Para continuar: llevar su bandeja de actividad con las dos manos, el gran gesto del aula Montessori.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 18 meses-2 años.
Trasvasar con cuchara
Dos cuencos, una cuchara, unos garbanzos: la primera gran obra de la autonomía.
Las pinzas de la ropa en la cesta
Pinzar, enganchar, soltar: tres dedos que trabajan para la escritura del futuro.
La bolsa misteriosa
Reconocer un objeto solo con tocarlo, sin verlo. Un pequeño truco de magia del tacto.
Regar una planta
Una responsabilidad de verdad, al alcance de un niño de dieciocho meses.
La cesta de los objetos reales
Cinco objetos de casa en una cesta, y una palabra justa puesta sobre cada uno.
Los aros en el palo
Apuntar, deslizar, soltar: el primer gesto de precisión, con un buen ruido al final.
La cesta de los tesoros
Una cesta de objetos reales para explorar libremente, con las manos y la boca: el primerísimo descubrimiento sensorial.
Abrir y cerrar cajas
Cajas y frascos de todo tipo, para abrir y volver a cerrar: cada tapa exige un gesto distinto.
La hucha de fichas
Meter fichas grandes por la ranura de una caja, una a una, y volver a abrirla para encontrarlas: un clásico que fascina.
Leer un libro de imágenes realistas
Un libro de fotos reales y un adulto totalmente disponible: las palabras entran sentadas en su regazo.
Poner la ropa en el cesto
Los calcetines al cesto, cada noche: la primera responsabilidad de verdad, a su altura.
El primer encaje
Un puzle de una sola pieza redonda con un botón grande: el círculo entra, o no entra.
La caja de permanencia
La pelota desaparece en el agujero... y reaparece en el cajón: el misterio de los objetos que vuelven.
Cantar canciones con gestos
Las mismas canciones, los mismos gestos, todos los días: la música que instala las palabras.
Apilar cubos
Poner un cubo sobre otro, soltar sin tirarlo todo: la mano aprende la suavidad.
Llevar una bandeja
Una bandeja a dos manos, un trayecto corto y un vaso que no debe caerse: el gran gesto de la autonomía.
Desenrollar su alfombra
Desenrollar una alfombrita, trabajar sobre ella, y enrollarla y guardarla: el marco de todo lo demás.
Los cilindros de encaje
Cilindros de tamaños distintos, un solo hueco posible para cada uno: la madera no miente.
Señalar las partes del cuerpo
¿Dónde está tu nariz, dónde está tu codo? Las palabras del cuerpo entran por el dedo que toca.