Cantar canciones con gestos
Las mismas canciones, los mismos gestos, todos los días: la música que instala las palabras.
Qué aporta la actividad
Alimentar el lenguaje con el ritmo, la rima y la repetición: las canciones infantiles trocean las palabras en sílabas cantadas, y los gestos dan cuerpo al sentido. Es el oído el que se prepara, mucho antes que las letras.
El material
- Dos o tres canciones con gestos que A USTED le gusten: las manos que giran, la araña que sube, el pulgarcito que baila
- Siempre las mismas durante semanas: la repetición es el corazón del juego
- Ningún soporte: su voz y sus manos bastan, sin pantalla ni altavoz
Cómo hacerlo, paso a paso
- Siéntese frente a él, a su altura, y empiece la canción con los gestos, sin pedirle nada.
- Cante despacio, vocalizando, con los gestos bien marcados.
- Repítalo: ya desde la segunda vez, sus manos esbozan los gestos.
- Deje huecos: párese antes de la última palabra del verso, y espere. Un día, la palabra saldrá de él.
- Dos o tres canciones, no más, y termine mientras siga siendo un placer.
El papel del adulto
Su voz de verdad, aunque desafine, vale más que cualquier grabación: se adapta a él, se ralentiza cuando se despista, espera cuando él quiere hacer el gesto. El hueco dejado antes de la palabra final no es una prueba: si la palabra no llega, cántela usted con una sonrisa, llegará otro día.
Seguridad
Ningún riesgo. El único peligro sería convertirlo en una actuación para recitar delante de los demás: la canción es un juego compartido, no un número.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: una sola canción muy corta, con gestos amplios.
- Más difícil: cantar cada vez más bajo, hasta el susurro, solo gestos al final.
- Para continuar: hacia los 3 años, marcar las sílabas de la canción con palmas.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 18 meses-2 años.
Trasvasar con cuchara
Dos cuencos, una cuchara, unos garbanzos: la primera gran obra de la autonomía.
Las pinzas de la ropa en la cesta
Pinzar, enganchar, soltar: tres dedos que trabajan para la escritura del futuro.
La bolsa misteriosa
Reconocer un objeto solo con tocarlo, sin verlo. Un pequeño truco de magia del tacto.
Regar una planta
Una responsabilidad de verdad, al alcance de un niño de dieciocho meses.
La cesta de los objetos reales
Cinco objetos de casa en una cesta, y una palabra justa puesta sobre cada uno.
Los aros en el palo
Apuntar, deslizar, soltar: el primer gesto de precisión, con un buen ruido al final.
La cesta de los tesoros
Una cesta de objetos reales para explorar libremente, con las manos y la boca: el primerísimo descubrimiento sensorial.
Abrir y cerrar cajas
Cajas y frascos de todo tipo, para abrir y volver a cerrar: cada tapa exige un gesto distinto.
La hucha de fichas
Meter fichas grandes por la ranura de una caja, una a una, y volver a abrirla para encontrarlas: un clásico que fascina.
Leer un libro de imágenes realistas
Un libro de fotos reales y un adulto totalmente disponible: las palabras entran sentadas en su regazo.
Poner la ropa en el cesto
Los calcetines al cesto, cada noche: la primera responsabilidad de verdad, a su altura.
El primer encaje
Un puzle de una sola pieza redonda con un botón grande: el círculo entra, o no entra.
Transportar su silla
Llevar su sillita con las dos manos y dejarla sin ruido: todo el cuerpo aprende a controlarse.
La caja de permanencia
La pelota desaparece en el agujero... y reaparece en el cajón: el misterio de los objetos que vuelven.
Apilar cubos
Poner un cubo sobre otro, soltar sin tirarlo todo: la mano aprende la suavidad.
Llevar una bandeja
Una bandeja a dos manos, un trayecto corto y un vaso que no debe caerse: el gran gesto de la autonomía.
Desenrollar su alfombra
Desenrollar una alfombrita, trabajar sobre ella, y enrollarla y guardarla: el marco de todo lo demás.
Los cilindros de encaje
Cilindros de tamaños distintos, un solo hueco posible para cada uno: la madera no miente.
Señalar las partes del cuerpo
¿Dónde está tu nariz, dónde está tu codo? Las palabras del cuerpo entran por el dedo que toca.