Poner la ropa en el cesto
Los calcetines al cesto, cada noche: la primera responsabilidad de verdad, a su altura.
Qué aporta la actividad
Darle un lugar de verdad en la vida de la casa con una tarea completa y a su alcance: la ropa que se quita va al cesto, todos los días, y es SU trabajo. El orden exterior alimenta el orden interior, es el período sensible del orden.
El material
- Un cesto de la ropa bajo, estable y siempre en EL MISMO SITIO, accesible sin ayuda
- La ropa que el niño acaba de quitarse: calcetines, body, pantalón
- Nada más: la constancia del lugar y del momento lo es todo
Cómo hacerlo, paso a paso
- Al desvestirse, ponga la ropa cerca de él y muéstrelo una vez: un calcetín en la mano, se camina hasta el cesto, se suelta dentro, se vuelve.
- Ofrézcale el segundo calcetín y déjele hacer el trayecto, a su ritmo.
- Una prenda cada vez: el viaje forma parte del placer.
- Cuando todo esté en el cesto, miren juntos el suelo vacío: es el final visible del trabajo.
- Repítanlo cada noche, en el mismo momento: es la repetición la que lo convierte en SU tarea.
El papel del adulto
La tentación es recogerlo todo usted mismo en tres segundos: resista, esos tres segundos son su momento más útil del día. El control del error es el suelo: si queda un calcetín en el suelo, se ve. No repita su gesto por detrás si el pantalón sobresale del cesto.
Seguridad
Ningún riesgo particular. Un cesto sin tapa con bisagra, para que ninguna tapa caiga sobre los dedos.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: el niño lleva solo un calcetín, usted hace el resto con él.
- Más difícil: clasificar en dos cestos, el claro y el oscuro, la primera clasificación de la casa.
- Para continuar: empujar el cesto hasta la lavadora y cargar el tambor juntos.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 18 meses-2 años.
Trasvasar con cuchara
Dos cuencos, una cuchara, unos garbanzos: la primera gran obra de la autonomía.
Las pinzas de la ropa en la cesta
Pinzar, enganchar, soltar: tres dedos que trabajan para la escritura del futuro.
La bolsa misteriosa
Reconocer un objeto solo con tocarlo, sin verlo. Un pequeño truco de magia del tacto.
Regar una planta
Una responsabilidad de verdad, al alcance de un niño de dieciocho meses.
La cesta de los objetos reales
Cinco objetos de casa en una cesta, y una palabra justa puesta sobre cada uno.
Los aros en el palo
Apuntar, deslizar, soltar: el primer gesto de precisión, con un buen ruido al final.
La cesta de los tesoros
Una cesta de objetos reales para explorar libremente, con las manos y la boca: el primerísimo descubrimiento sensorial.
Abrir y cerrar cajas
Cajas y frascos de todo tipo, para abrir y volver a cerrar: cada tapa exige un gesto distinto.
La hucha de fichas
Meter fichas grandes por la ranura de una caja, una a una, y volver a abrirla para encontrarlas: un clásico que fascina.
Leer un libro de imágenes realistas
Un libro de fotos reales y un adulto totalmente disponible: las palabras entran sentadas en su regazo.
El primer encaje
Un puzle de una sola pieza redonda con un botón grande: el círculo entra, o no entra.