Apilar cubos
Poner un cubo sobre otro, soltar sin tirarlo todo: la mano aprende la suavidad.
Qué aporta la actividad
Dosificar la precisión y la relajación de la mano: colocar un cubo exige apuntar y luego soltar SIN empujar. La torre es un control del error perfecto, se mantiene en pie o se cae, y el niño vuelve a intentarlo sin que nadie tenga que juzgar.
El material
- Cuatro a seis cubos de madera idénticos, lo bastante grandes para caber en toda la mano
- Cubos pesados mejor que ligeros: perdonan mejor los pequeños empujones
- Una alfombra o una superficie plana y estable, nunca una alfombra gruesa que incline la torre
Cómo hacerlo, paso a paso
- Coloque los cubos en desorden delante de su hijo, sentado frente a un espacio despejado.
- Coja un cubo y colóquelo. Coja un segundo cubo, póngalo encima muy despacio, y retire los dedos abriéndolos, sin empujar.
- Haga una pausa: la torre de dos se mantiene en pie.
- Acerque los cubos hacia él y déjele hacer, aunque empiece tirándolo todo.
- Cuando la torre se caiga, no diga nada y no la reconstruya usted: él recoge y vuelve a empezar, ahí está el verdadero trabajo.
El papel del adulto
Tirar forma parte de la actividad tanto como construir: a esta edad, derribar es una experiencia tan seria como apilar. No cuente los pisos en voz alta, no diga muy bien: la torre que se mantiene en pie es su propia recompensa. El gesto que hay que enseñar, sin una palabra, es la apertura lenta de los dedos.
Seguridad
Cubos demasiado grandes para la boca, de madera natural o pintura no tóxica, sin ninguna esquina astillada. Se apila sentado en el suelo, nunca de pie sobre una silla.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: solo dos cubos, y usted sujeta la base.
- Más difícil: cubos más pequeños, o una torre de seis a la que hay que acercarse despacio.
- Para continuar: la torre de mayor a menor, unos meses más tarde.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 18 meses-2 años.
Trasvasar con cuchara
Dos cuencos, una cuchara, unos garbanzos: la primera gran obra de la autonomía.
Las pinzas de la ropa en la cesta
Pinzar, enganchar, soltar: tres dedos que trabajan para la escritura del futuro.
La bolsa misteriosa
Reconocer un objeto solo con tocarlo, sin verlo. Un pequeño truco de magia del tacto.
Regar una planta
Una responsabilidad de verdad, al alcance de un niño de dieciocho meses.
La cesta de los objetos reales
Cinco objetos de casa en una cesta, y una palabra justa puesta sobre cada uno.
Los aros en el palo
Apuntar, deslizar, soltar: el primer gesto de precisión, con un buen ruido al final.
La cesta de los tesoros
Una cesta de objetos reales para explorar libremente, con las manos y la boca: el primerísimo descubrimiento sensorial.
Abrir y cerrar cajas
Cajas y frascos de todo tipo, para abrir y volver a cerrar: cada tapa exige un gesto distinto.
La hucha de fichas
Meter fichas grandes por la ranura de una caja, una a una, y volver a abrirla para encontrarlas: un clásico que fascina.
Leer un libro de imágenes realistas
Un libro de fotos reales y un adulto totalmente disponible: las palabras entran sentadas en su regazo.
Poner la ropa en el cesto
Los calcetines al cesto, cada noche: la primera responsabilidad de verdad, a su altura.
El primer encaje
Un puzle de una sola pieza redonda con un botón grande: el círculo entra, o no entra.
Transportar su silla
Llevar su sillita con las dos manos y dejarla sin ruido: todo el cuerpo aprende a controlarse.
La caja de permanencia
La pelota desaparece en el agujero... y reaparece en el cajón: el misterio de los objetos que vuelven.
Cantar canciones con gestos
Las mismas canciones, los mismos gestos, todos los días: la música que instala las palabras.
Llevar una bandeja
Una bandeja a dos manos, un trayecto corto y un vaso que no debe caerse: el gran gesto de la autonomía.
Desenrollar su alfombra
Desenrollar una alfombrita, trabajar sobre ella, y enrollarla y guardarla: el marco de todo lo demás.
Los cilindros de encaje
Cilindros de tamaños distintos, un solo hueco posible para cada uno: la madera no miente.
Señalar las partes del cuerpo
¿Dónde está tu nariz, dónde está tu codo? Las palabras del cuerpo entran por el dedo que toca.