Desenrollar su alfombra
Desenrollar una alfombrita, trabajar sobre ella, y enrollarla y guardarla: el marco de todo lo demás.
Qué aporta la actividad
Delimitar su espacio de trabajo y aprender a abrirlo y después cerrarlo. La alfombra es el gesto fundador del ambiente Montessori: dice dónde empieza el trabajo, dónde termina, y que nadie pisa encima.
El material
- Una alfombrita ligera, de algodón trenzado o de fieltro, que se enrolle con facilidad
- Una cesta o un portaalfombras vertical, siempre en el mismo sitio y accesible
- Espacio libre en el suelo, despejado
Cómo hacerlo, paso a paso
- Coja la alfombra enrollada con las dos manos, llévela despacio hasta el espacio libre, y déjela en el suelo.
- Desenróllela con un gesto continuo, retrocediendo, y alísela con la palma de la mano.
- Ponga un objeto encima, uno solo, para mostrar que el trabajo ocurre ahí.
- Enróllela de nuevo, bien prieta, empezando por un borde, y guárdela en su cesta.
- Ofrézcale la alfombra: a él le toca llevarla, desenrollarla, enrollarla y guardarla.
El papel del adulto
Una alfombra mal enrollada que se deshace sola en la cesta es el control del error: volverá a intentarlo. No la enrolle usted en su lugar, aunque quede torcida. La regla que lo resume todo: nunca se pisa la alfombra de otro, y usted tampoco, rodéela al pasar.
Seguridad
Una alfombra fina que no haga tropezar, colocada lejos de las puertas que se abren. Nada de flecos que se enreden en los pies.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: usted lleva la alfombra, él la desenrolla solo.
- Más difícil: desenrollar dos alfombras una al lado de la otra para una actividad más amplia.
- Para continuar: elegir solo su alfombra, su actividad, y devolver las dos a su sitio al final.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 18 meses-2 años.
Trasvasar con cuchara
Dos cuencos, una cuchara, unos garbanzos: la primera gran obra de la autonomía.
Las pinzas de la ropa en la cesta
Pinzar, enganchar, soltar: tres dedos que trabajan para la escritura del futuro.
La bolsa misteriosa
Reconocer un objeto solo con tocarlo, sin verlo. Un pequeño truco de magia del tacto.
Regar una planta
Una responsabilidad de verdad, al alcance de un niño de dieciocho meses.
La cesta de los objetos reales
Cinco objetos de casa en una cesta, y una palabra justa puesta sobre cada uno.
Los aros en el palo
Apuntar, deslizar, soltar: el primer gesto de precisión, con un buen ruido al final.
La cesta de los tesoros
Una cesta de objetos reales para explorar libremente, con las manos y la boca: el primerísimo descubrimiento sensorial.
Abrir y cerrar cajas
Cajas y frascos de todo tipo, para abrir y volver a cerrar: cada tapa exige un gesto distinto.
La hucha de fichas
Meter fichas grandes por la ranura de una caja, una a una, y volver a abrirla para encontrarlas: un clásico que fascina.
Leer un libro de imágenes realistas
Un libro de fotos reales y un adulto totalmente disponible: las palabras entran sentadas en su regazo.
Poner la ropa en el cesto
Los calcetines al cesto, cada noche: la primera responsabilidad de verdad, a su altura.
El primer encaje
Un puzle de una sola pieza redonda con un botón grande: el círculo entra, o no entra.
Transportar su silla
Llevar su sillita con las dos manos y dejarla sin ruido: todo el cuerpo aprende a controlarse.
La caja de permanencia
La pelota desaparece en el agujero... y reaparece en el cajón: el misterio de los objetos que vuelven.
Cantar canciones con gestos
Las mismas canciones, los mismos gestos, todos los días: la música que instala las palabras.
Apilar cubos
Poner un cubo sobre otro, soltar sin tirarlo todo: la mano aprende la suavidad.
Llevar una bandeja
Una bandeja a dos manos, un trayecto corto y un vaso que no debe caerse: el gran gesto de la autonomía.
Los cilindros de encaje
Cilindros de tamaños distintos, un solo hueco posible para cada uno: la madera no miente.
Señalar las partes del cuerpo
¿Dónde está tu nariz, dónde está tu codo? Las palabras del cuerpo entran por el dedo que toca.