La caja de permanencia
La pelota desaparece en el agujero... y reaparece en el cajón: el misterio de los objetos que vuelven.
Qué aporta la actividad
Construir la permanencia del objeto: lo que desaparece sigue existiendo. La pelota tragada por la caja reaparece en el cajón, y el niño lo comprueba con sus manos, tantas veces como lo necesite, esta ley fundamental del mundo.
El material
- Una caja de permanencia de madera: un agujero arriba, un cajón o bandeja donde reaparece la pelota
- En su defecto, una caja de cartón resistente con un agujero en la tapa y una trampilla lateral
- Una pelota de madera de un diámetro demasiado grande para la boca
Cómo hacerlo, paso a paso
- Coloque la caja delante del niño, la pelota al lado.
- Coja la pelota, llévela despacio sobre el agujero, y suéltela: desaparece.
- Espere un instante, sin decir nada: el ruido por dentro, y luego la pelota que reaparece en el cajón.
- Recoja la pelota, ofrézcasela: a él.
- Déjele repetirlo tantas veces como quiera: la repetición es la propia construcción de la certeza.
El papel del adulto
Este juego parece tan sencillo que da ganas de añadir palabras, algún «¿dónde está la pelota?», algo de suspense actuado: no lo haga. La caja plantea la pregunta y da la respuesta, su silencio deja trabajar el pensamiento. El interés intenso por la repetición, a veces veinte veces seguidas, es exactamente la señal de que algo se está construyendo.
Seguridad
Una pelota maciza, de madera, demasiado grande para tragarla. Ningún cajón que pille los dedos: compruebe el recorrido del cajón antes de presentarlo.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: hacer rodar la pelota en la caja abierta, solo por el trayecto.
- Más difícil: la caja con el cajón cerrado, que hay que abrir para recuperar la pelota.
- Para continuar: esconder un objeto bajo un pañuelo, y luego bajo dos: el mismo misterio, en otro lugar.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 18 meses-2 años.
Trasvasar con cuchara
Dos cuencos, una cuchara, unos garbanzos: la primera gran obra de la autonomía.
Las pinzas de la ropa en la cesta
Pinzar, enganchar, soltar: tres dedos que trabajan para la escritura del futuro.
La bolsa misteriosa
Reconocer un objeto solo con tocarlo, sin verlo. Un pequeño truco de magia del tacto.
Regar una planta
Una responsabilidad de verdad, al alcance de un niño de dieciocho meses.
La cesta de los objetos reales
Cinco objetos de casa en una cesta, y una palabra justa puesta sobre cada uno.
Los aros en el palo
Apuntar, deslizar, soltar: el primer gesto de precisión, con un buen ruido al final.
La cesta de los tesoros
Una cesta de objetos reales para explorar libremente, con las manos y la boca: el primerísimo descubrimiento sensorial.
Abrir y cerrar cajas
Cajas y frascos de todo tipo, para abrir y volver a cerrar: cada tapa exige un gesto distinto.
La hucha de fichas
Meter fichas grandes por la ranura de una caja, una a una, y volver a abrirla para encontrarlas: un clásico que fascina.
Leer un libro de imágenes realistas
Un libro de fotos reales y un adulto totalmente disponible: las palabras entran sentadas en su regazo.
Poner la ropa en el cesto
Los calcetines al cesto, cada noche: la primera responsabilidad de verdad, a su altura.
El primer encaje
Un puzle de una sola pieza redonda con un botón grande: el círculo entra, o no entra.
Transportar su silla
Llevar su sillita con las dos manos y dejarla sin ruido: todo el cuerpo aprende a controlarse.
Cantar canciones con gestos
Las mismas canciones, los mismos gestos, todos los días: la música que instala las palabras.
Apilar cubos
Poner un cubo sobre otro, soltar sin tirarlo todo: la mano aprende la suavidad.
Llevar una bandeja
Una bandeja a dos manos, un trayecto corto y un vaso que no debe caerse: el gran gesto de la autonomía.
Desenrollar su alfombra
Desenrollar una alfombrita, trabajar sobre ella, y enrollarla y guardarla: el marco de todo lo demás.
Los cilindros de encaje
Cilindros de tamaños distintos, un solo hueco posible para cada uno: la madera no miente.
Señalar las partes del cuerpo
¿Dónde está tu nariz, dónde está tu codo? Las palabras del cuerpo entran por el dedo que toca.