Escuchar los ruidos de fuera
Una ventana abierta, dos minutos de silencio, y el mundo de fuera empieza por fin a hablar.
Escuchar los ruidos de fuera es una actividad Montessori para un niño de 18 meses-2 años. Ámbito: Descubrir el mundo. Duración: 5 min.
Qué aporta la actividad
Aislar el oído, aprender a escuchar de forma voluntaria, y relacionar un sonido con lo que lo produce.
El material
- Una ventana que se pueda abrir, o un banco al aire libre
- Un lugar donde sentarse los dos
- Nada más, y sobre todo ninguna pantalla encendida en la habitación
Cómo hacerlo, paso a paso
- Siéntese con su hijo cerca de la ventana abierta.
- Llévese un dedo a los labios, sonría, y guarde silencio.
- Quédense así el tiempo que aguante, a menudo treinta segundos al principio.
- Al primer ruido que pase, señale la dirección con el dedo, sin hablar.
- Al cerrar la ventana, nombre lo que han oído, una cosa o dos: « el coche », « el pájaro ».
- Repitan otro día, a otra hora: los ruidos de la mañana no son los de la tarde.
El papel del adulto
El silencio es la actividad, no la espera de la actividad. Es usted quien da ejemplo callándose primero. Si su hijo habla, no le mande callar: cierre la ventana y proponga otra cosa, ya lo intentarán mañana.
Seguridad
Una ventana abierta a la altura del niño es un peligro: ábrala solo si tiene un dispositivo de seguridad, quédese junto a su hijo durante toda la actividad, y ciérrela antes de salir de la habitación. Evite los días de mucho ruido en la calle, que hacen desagradable la escucha.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: la ventana entreabierta treinta segundos, no más.
- Más difícil: pídale que señale de dónde viene el ruido antes de que usted lo nombre.
- Para continuar: en el parque, con los ojos cerrados, cuenten los ruidos distintos con los dedos de una mano.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 18 meses-2 años.
Trasvasar con cuchara
Dos cuencos, una cuchara, unos garbanzos: la primera gran obra de la autonomía.
Las pinzas de la ropa en la cesta
Pinzar, enganchar, soltar: tres dedos que trabajan para la escritura del futuro.
La bolsa misteriosa
Reconocer un objeto solo con tocarlo, sin verlo. Un pequeño truco de magia del tacto.
Regar una planta
Una responsabilidad de verdad, al alcance de un niño de dieciocho meses.
La cesta de los objetos reales
Cinco objetos de casa en una cesta, y una palabra justa puesta sobre cada uno.
Los aros en el palo
Apuntar, deslizar, soltar: el primer gesto de precisión, con un buen ruido al final.
La cesta de los tesoros
Una cesta de objetos reales para explorar libremente, con las manos y la boca: el primerísimo descubrimiento sensorial.
Abrir y cerrar cajas
Cajas y frascos de todo tipo, para abrir y volver a cerrar: cada tapa exige un gesto distinto.
La hucha de fichas
Meter fichas grandes por la ranura de una caja, una a una, y volver a abrirla para encontrarlas: un clásico que fascina.
Leer un libro de imágenes realistas
Un libro de fotos reales y un adulto totalmente disponible: las palabras entran sentadas en su regazo.
Poner la ropa en el cesto
Los calcetines al cesto, cada noche: la primera responsabilidad de verdad, a su altura.
El primer encaje
Un puzle de una sola pieza redonda con un botón grande: el círculo entra, o no entra.
Transportar su silla
Llevar su sillita con las dos manos y dejarla sin ruido: todo el cuerpo aprende a controlarse.
La caja de permanencia
La pelota desaparece en el agujero... y reaparece en el cajón: el misterio de los objetos que vuelven.
Cantar canciones con gestos
Las mismas canciones, los mismos gestos, todos los días: la música que instala las palabras.
Apilar cubos
Poner un cubo sobre otro, soltar sin tirarlo todo: la mano aprende la suavidad.
Llevar una bandeja
Una bandeja a dos manos, un trayecto corto y un vaso que no debe caerse: el gran gesto de la autonomía.
Desenrollar su alfombra
Desenrollar una alfombrita, trabajar sobre ella, y enrollarla y guardarla: el marco de todo lo demás.
Los cilindros de encaje
Cilindros de tamaños distintos, un solo hueco posible para cada uno: la madera no miente.
Señalar las partes del cuerpo
¿Dónde está tu nariz, dónde está tu codo? Las palabras del cuerpo entran por el dedo que toca.
Beber solo en un vaso
Un vaso de verdad, con un poco de agua en el fondo, y el orgullo de beber como los mayores.
Hacer rodar una pelota
Una pelota que va, rueda y vuelve: el primer intercambio entre dos, sin decir una palabra.
Imitar los sonidos de los animales
La vaca hace muu, el gato hace miau: las primeras palabras suelen empezar por ahí.
Los instrumentos para agitar
Un cascabel, unas maracas, un pandero: descubrir que un gesto produce un sonido.
Abrir una cremallera
Pinzar el tirador y tirar de un golpe firme: un gesto que abre abrigos y estuches.
La cesta de la naturaleza
Una piña, un trozo de corteza, un guijarro liso: el mundo de fuera entra en casa y se nombra.
Tocar el agua, la arena y la tierra
Tres cubetas, tres materias, diez dedos: la primera lección de ciencias se hace con la piel.
Oler las hierbas aromáticas
Una hoja de hierbabuena aplastada entre dos dedos deja un olor que recordará toda la vida.
Caminar descalzo sobre tres suelos
La hierba, la arena, las baldosas: el pie descubre que el suelo no es igual en todas partes.
Ver caer la lluvia
Un día de lluvia, un cristal frío, y el agua que baja dibujando caminos que no se repiten.
Dar de comer a los pájaros
Semillas en un comedero, y la espera silenciosa, que ya es la mejor parte de la actividad.