Abrir una cremallera
Pinzar el tirador y tirar de un golpe firme: un gesto que abre abrigos y estuches.
Qué aporta la actividad
Ejercitar la pinza y el movimiento de tracción en línea recta, sobre un mecanismo cotidiano que el niño ve manipular diez veces al día. El tirador solo sube si el agarre es correcto: el control del error está en la propia cremallera.
El material
- Un estuche, una bolsa o un marco de vestir con una cremallera grande y suave
- Un tirador con anilla o con una lengüeta gruesa, fácil de coger
- Un pequeño objeto escondido dentro, para dar un motivo para abrir
Cómo hacerlo, paso a paso
- Ponga el estuche cerrado delante de él, con el objeto escondido dentro.
- Pinze el tirador entre el pulgar y el índice, muéstrelo bien, y tire despacio hasta el final.
- Abra el estuche, saque el objeto, marque la sorpresa, y después guárdelo todo y ciérrelo.
- Ofrézcale el estuche: a él le toca abrirlo.
- Cerrar es más difícil que abrir: eso llegará más adelante, no lo exija todavía.
El papel del adulto
Una cremallera que se atasca desanima en un segundo: compruebe que desliza libremente ANTES de presentarla, y frótela con una vela si hace falta. Abrir es más que suficiente a esta edad, cerrar exige encajar dos piezas y llegará hacia los tres años. El objeto escondido dentro da sentido al gesto.
Seguridad
Cuidado con los dedos y la piel cerca del tirador en la ropa puesta: se practica con un estuche colocado sobre la mesa, no con el propio abrigo al principio. El objeto escondido debe ser demasiado grande para tragarlo.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: el tirador ya encajado a un tercio, solo tiene que terminar.
- Más difícil: abrir y después cerrar, sujetando la parte de abajo de la cremallera.
- Para continuar: abrir su propio abrigo al llegar a casa.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 18 meses-2 años.
Trasvasar con cuchara
Dos cuencos, una cuchara, unos garbanzos: la primera gran obra de la autonomía.
Las pinzas de la ropa en la cesta
Pinzar, enganchar, soltar: tres dedos que trabajan para la escritura del futuro.
La bolsa misteriosa
Reconocer un objeto solo con tocarlo, sin verlo. Un pequeño truco de magia del tacto.
Regar una planta
Una responsabilidad de verdad, al alcance de un niño de dieciocho meses.
La cesta de los objetos reales
Cinco objetos de casa en una cesta, y una palabra justa puesta sobre cada uno.
Los aros en el palo
Apuntar, deslizar, soltar: el primer gesto de precisión, con un buen ruido al final.
La cesta de los tesoros
Una cesta de objetos reales para explorar libremente, con las manos y la boca: el primerísimo descubrimiento sensorial.
Abrir y cerrar cajas
Cajas y frascos de todo tipo, para abrir y volver a cerrar: cada tapa exige un gesto distinto.
La hucha de fichas
Meter fichas grandes por la ranura de una caja, una a una, y volver a abrirla para encontrarlas: un clásico que fascina.
Leer un libro de imágenes realistas
Un libro de fotos reales y un adulto totalmente disponible: las palabras entran sentadas en su regazo.
Poner la ropa en el cesto
Los calcetines al cesto, cada noche: la primera responsabilidad de verdad, a su altura.
El primer encaje
Un puzle de una sola pieza redonda con un botón grande: el círculo entra, o no entra.
Transportar su silla
Llevar su sillita con las dos manos y dejarla sin ruido: todo el cuerpo aprende a controlarse.
La caja de permanencia
La pelota desaparece en el agujero... y reaparece en el cajón: el misterio de los objetos que vuelven.
Cantar canciones con gestos
Las mismas canciones, los mismos gestos, todos los días: la música que instala las palabras.
Apilar cubos
Poner un cubo sobre otro, soltar sin tirarlo todo: la mano aprende la suavidad.
Llevar una bandeja
Una bandeja a dos manos, un trayecto corto y un vaso que no debe caerse: el gran gesto de la autonomía.
Desenrollar su alfombra
Desenrollar una alfombrita, trabajar sobre ella, y enrollarla y guardarla: el marco de todo lo demás.
Los cilindros de encaje
Cilindros de tamaños distintos, un solo hueco posible para cada uno: la madera no miente.
Señalar las partes del cuerpo
¿Dónde está tu nariz, dónde está tu codo? Las palabras del cuerpo entran por el dedo que toca.
Beber solo en un vaso
Un vaso de verdad, con un poco de agua en el fondo, y el orgullo de beber como los mayores.
Hacer rodar una pelota
Una pelota que va, rueda y vuelve: el primer intercambio entre dos, sin decir una palabra.
Imitar los sonidos de los animales
La vaca hace muu, el gato hace miau: las primeras palabras suelen empezar por ahí.
Los instrumentos para agitar
Un cascabel, unas maracas, un pandero: descubrir que un gesto produce un sonido.