Los instrumentos para agitar
Un cascabel, unas maracas, un pandero: descubrir que un gesto produce un sonido.
Qué aporta la actividad
Descubrir el vínculo entre su gesto y el sonido producido, y empezar a distinguir los timbres. Agitar fuerte o suave cambia el resultado: el niño experimenta su propia capacidad de actuar sobre el mundo sonoro.
El material
- Tres instrumentos sencillos de sonidos bien distintos: un cascabel, unas maracas, un pandero pequeño
- Una cesta para presentarlos, sacando un solo instrumento cada vez
- Un momento tranquilo, sin música de fondo
Cómo hacerlo, paso a paso
- Saque un instrumento de la cesta, sosténgalo delante de él y hágalo sonar una vez, suavemente.
- Deje que el sonido se apague del todo antes de repetir: el silencio entre dos sonidos importa tanto como el sonido.
- Ofrézcale el instrumento y déjele explorar, aunque lo golpee contra el suelo.
- Guárdelo antes de sacar otro: un instrumento cada vez.
- Al final, todo vuelve a la cesta, y la cesta a su sitio, fuera de su alcance entre sesión y sesión.
El papel del adulto
Guardar el instrumento anterior antes de sacar otro lo cambia todo: tres instrumentos sueltos se convierten en un alboroto, uno solo se convierte en escucha. Deje que el silencio se instale después de cada sonido. La cesta se guarda en alto entre sesiones, o el instrumento se vuelve ruido de fondo y pierde todo interés.
Seguridad
Instrumentos sólidos, sin piezas pequeñas sueltas, y un cascabel bien cerrado. Volumen moderado: el oído de un niño pequeño es frágil, no se agita cerca de la cara.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: un solo instrumento, muy suave, durante varios días.
- Más difícil: reproducir un ritmo sencillo, dos golpes y una pausa.
- Para continuar: las cajas de sonidos, hacia los 3 años, cuando el oído sabe comparar.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 18 meses-2 años.
Trasvasar con cuchara
Dos cuencos, una cuchara, unos garbanzos: la primera gran obra de la autonomía.
Las pinzas de la ropa en la cesta
Pinzar, enganchar, soltar: tres dedos que trabajan para la escritura del futuro.
La bolsa misteriosa
Reconocer un objeto solo con tocarlo, sin verlo. Un pequeño truco de magia del tacto.
Regar una planta
Una responsabilidad de verdad, al alcance de un niño de dieciocho meses.
La cesta de los objetos reales
Cinco objetos de casa en una cesta, y una palabra justa puesta sobre cada uno.
Los aros en el palo
Apuntar, deslizar, soltar: el primer gesto de precisión, con un buen ruido al final.
La cesta de los tesoros
Una cesta de objetos reales para explorar libremente, con las manos y la boca: el primerísimo descubrimiento sensorial.
Abrir y cerrar cajas
Cajas y frascos de todo tipo, para abrir y volver a cerrar: cada tapa exige un gesto distinto.
La hucha de fichas
Meter fichas grandes por la ranura de una caja, una a una, y volver a abrirla para encontrarlas: un clásico que fascina.
Leer un libro de imágenes realistas
Un libro de fotos reales y un adulto totalmente disponible: las palabras entran sentadas en su regazo.
Poner la ropa en el cesto
Los calcetines al cesto, cada noche: la primera responsabilidad de verdad, a su altura.
El primer encaje
Un puzle de una sola pieza redonda con un botón grande: el círculo entra, o no entra.
Transportar su silla
Llevar su sillita con las dos manos y dejarla sin ruido: todo el cuerpo aprende a controlarse.
La caja de permanencia
La pelota desaparece en el agujero... y reaparece en el cajón: el misterio de los objetos que vuelven.
Cantar canciones con gestos
Las mismas canciones, los mismos gestos, todos los días: la música que instala las palabras.
Apilar cubos
Poner un cubo sobre otro, soltar sin tirarlo todo: la mano aprende la suavidad.
Llevar una bandeja
Una bandeja a dos manos, un trayecto corto y un vaso que no debe caerse: el gran gesto de la autonomía.
Desenrollar su alfombra
Desenrollar una alfombrita, trabajar sobre ella, y enrollarla y guardarla: el marco de todo lo demás.
Los cilindros de encaje
Cilindros de tamaños distintos, un solo hueco posible para cada uno: la madera no miente.
Señalar las partes del cuerpo
¿Dónde está tu nariz, dónde está tu codo? Las palabras del cuerpo entran por el dedo que toca.
Beber solo en un vaso
Un vaso de verdad, con un poco de agua en el fondo, y el orgullo de beber como los mayores.
Hacer rodar una pelota
Una pelota que va, rueda y vuelve: el primer intercambio entre dos, sin decir una palabra.
Imitar los sonidos de los animales
La vaca hace muu, el gato hace miau: las primeras palabras suelen empezar por ahí.
Abrir una cremallera
Pinzar el tirador y tirar de un golpe firme: un gesto que abre abrigos y estuches.