Tocar el agua, la arena y la tierra
Tres cubetas, tres materias, diez dedos: la primera lección de ciencias se hace con la piel.
Tocar el agua, la arena y la tierra es una actividad Montessori para un niño de 18 meses-2 años. Ámbito: Descubrir el mundo. Duración: 10-15 min.
Qué aporta la actividad
Explorar tres materias naturales y sus diferencias, y descubrir que una materia cambia al mojarse.
El material
- Tres cubetas bajas y anchas, o tres barreños grandes
- Agua templada en la primera, arena seca en la segunda, tierra en la tercera
- Una toalla de rizo en el suelo, debajo de las cubetas
- Un delantal, y algo para lavarse las manos justo después
Cómo hacerlo, paso a paso
- Coloque las tres cubetas una junto a otra sobre la toalla, siempre en el mismo orden.
- Meta una mano en la primera cubeta, despacio, sin decir nada, y sáquela.
- Haga lo mismo en las otras dos, y luego retírese.
- Deje que su hijo explore todo el tiempo que quiera, en el orden que elija.
- Si mezcla las materias, déjelo: la arena mojada es un descubrimiento, no una travesura.
- Termine siempre lavándose las manos juntos, eso también forma parte de la actividad.
El papel del adulto
Su papel es preparar y después callarse. Observe lo que hace con las manos, no lo que se le cae al lado. La toalla absorbe, el delantal protege: todo está pensado para que usted no tenga que decir que no.
Seguridad
El agua, incluso en poca cantidad, exige una presencia permanente y una atención completa. La arena y la tierra no se llevan a la boca: quédese al lado, y guarde las cubetas fuera de su alcance en cuanto termine. Elija tierra sin abono, y lave las manos al final.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: una sola cubeta cada vez, en tres días distintos.
- Más difícil: añada una jarrita para verter agua sobre la arena y observar.
- Para continuar: fuera de casa, compare la tierra seca de la maceta con la tierra mojada después de llover.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 18 meses-2 años.
Trasvasar con cuchara
Dos cuencos, una cuchara, unos garbanzos: la primera gran obra de la autonomía.
Las pinzas de la ropa en la cesta
Pinzar, enganchar, soltar: tres dedos que trabajan para la escritura del futuro.
La bolsa misteriosa
Reconocer un objeto solo con tocarlo, sin verlo. Un pequeño truco de magia del tacto.
Regar una planta
Una responsabilidad de verdad, al alcance de un niño de dieciocho meses.
La cesta de los objetos reales
Cinco objetos de casa en una cesta, y una palabra justa puesta sobre cada uno.
Los aros en el palo
Apuntar, deslizar, soltar: el primer gesto de precisión, con un buen ruido al final.
La cesta de los tesoros
Una cesta de objetos reales para explorar libremente, con las manos y la boca: el primerísimo descubrimiento sensorial.
Abrir y cerrar cajas
Cajas y frascos de todo tipo, para abrir y volver a cerrar: cada tapa exige un gesto distinto.
La hucha de fichas
Meter fichas grandes por la ranura de una caja, una a una, y volver a abrirla para encontrarlas: un clásico que fascina.
Leer un libro de imágenes realistas
Un libro de fotos reales y un adulto totalmente disponible: las palabras entran sentadas en su regazo.
Poner la ropa en el cesto
Los calcetines al cesto, cada noche: la primera responsabilidad de verdad, a su altura.
El primer encaje
Un puzle de una sola pieza redonda con un botón grande: el círculo entra, o no entra.
Transportar su silla
Llevar su sillita con las dos manos y dejarla sin ruido: todo el cuerpo aprende a controlarse.
La caja de permanencia
La pelota desaparece en el agujero... y reaparece en el cajón: el misterio de los objetos que vuelven.
Cantar canciones con gestos
Las mismas canciones, los mismos gestos, todos los días: la música que instala las palabras.
Apilar cubos
Poner un cubo sobre otro, soltar sin tirarlo todo: la mano aprende la suavidad.
Llevar una bandeja
Una bandeja a dos manos, un trayecto corto y un vaso que no debe caerse: el gran gesto de la autonomía.
Desenrollar su alfombra
Desenrollar una alfombrita, trabajar sobre ella, y enrollarla y guardarla: el marco de todo lo demás.
Los cilindros de encaje
Cilindros de tamaños distintos, un solo hueco posible para cada uno: la madera no miente.
Señalar las partes del cuerpo
¿Dónde está tu nariz, dónde está tu codo? Las palabras del cuerpo entran por el dedo que toca.
Beber solo en un vaso
Un vaso de verdad, con un poco de agua en el fondo, y el orgullo de beber como los mayores.
Hacer rodar una pelota
Una pelota que va, rueda y vuelve: el primer intercambio entre dos, sin decir una palabra.
Imitar los sonidos de los animales
La vaca hace muu, el gato hace miau: las primeras palabras suelen empezar por ahí.
Los instrumentos para agitar
Un cascabel, unas maracas, un pandero: descubrir que un gesto produce un sonido.
Abrir una cremallera
Pinzar el tirador y tirar de un golpe firme: un gesto que abre abrigos y estuches.
La cesta de la naturaleza
Una piña, un trozo de corteza, un guijarro liso: el mundo de fuera entra en casa y se nombra.
Escuchar los ruidos de fuera
Una ventana abierta, dos minutos de silencio, y el mundo de fuera empieza por fin a hablar.
Oler las hierbas aromáticas
Una hoja de hierbabuena aplastada entre dos dedos deja un olor que recordará toda la vida.
Caminar descalzo sobre tres suelos
La hierba, la arena, las baldosas: el pie descubre que el suelo no es igual en todas partes.
Ver caer la lluvia
Un día de lluvia, un cristal frío, y el agua que baja dibujando caminos que no se repiten.
Dar de comer a los pájaros
Semillas en un comedero, y la espera silenciosa, que ya es la mejor parte de la actividad.