Escuchar su corazón
Un embudo, un tubo, y el ruido regular de su propio corazón que nunca habían oído.
Escuchar su corazón es una actividad Montessori para un niño de 4-6 años. Ámbito: Descubrir el mundo. Duración: 15-20 min.
Qué aporta la actividad
Oír un órgano de su propio cuerpo, y notar que su ritmo cambia al correr.
El material
- Un embudo de plástico
- Un tubo flexible de unos cincuenta centímetros, del tipo tubo de acuario, que encaje en el embudo
- Una silla, y un lugar tranquilo
- Un reloj con segundero, si se quiere
Cómo hacerlo, paso a paso
- Monten juntos el embudo y el tubo, ya es una pequeña fabricación.
- Siéntese, coloque el embudo sobre su pecho, a la izquierda, y tienda el otro extremo del tubo a su hijo.
- Deje que escuche, sin decir nada, todo el tiempo que quiera.
- Cambien los papeles: él coloca el embudo sobre su pecho, usted escucha, y luego le devuelve el tubo.
- Que salte en el sitio veinte veces, y vuelvan a escuchar enseguida.
- Esperen juntos en silencio a que el ritmo vuelva a bajar.
El papel del adulto
La comparación antes y después del esfuerzo es el corazón de esta ficha: es lo que convierte un ruido en un descubrimiento. Quédese en lo que el niño puede oír y constatar, y no entre en el funcionamiento del cuerpo, que no es el tema.
Seguridad
El tubo no se mete dentro del oído, se apoya contra él: muéstrelo y vigile. Un tubo flexible es también un objeto que se enrolla, no se deja en manos de un niño sin vigilancia y se guarda después. Paren los saltos al primer signo de agotamiento, y no comenten nunca el estado de salud de su hijo.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: la mano apoyada plana sobre el pecho, sin material.
- Más difícil: cuenta los latidos mientras usted mide diez segundos.
- Para continuar: escuchen también la tripa después de comer, se oyen muchas cosas.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 4-6 años.
Contar con fichas
Poner una ficha, decir un número. El número se convierte en algo que se toca.
Del más grande al más pequeño
Ordenar cinco objetos por tamaño, sin regla ni medidas. Solo el ojo y la mano.
Preparar la merienda
Pelar, cortar, emplatar, servir. Una merienda de verdad hecha por un niño de cinco años.
Recortar tiras de papel
Abrir, cerrar, avanzar. Las tijeras se domestican en pocas sesiones.
Poner la mesa contando
Cuatro platos, cuatro vasos, cuatro tenedores: contar de verdad, porque aquí sirve de verdad.
Escribir el nombre en la sémola
Una bandeja de sémola, un dedo, y un nombre que se borra de un gesto para volver a empezar.
Los números de lija
Números que se siguen con el dedo, en el sentido de la escritura, para que la mano los conozca antes de trazarlos.
Las letras de lija
Letras que se siguen con la punta de los dedos, en el sentido del trazo, diciendo su sonido: la mano aprende a escribir antes que el lápiz.
Coser una tarjeta perforada
Una aguja de punta roma, un hilo de lana, una tarjeta perforada: por encima, por debajo, por encima, y el orgullo de haber cosido.
Del más ligero al más pesado
Botes idénticos, contenidos distintos, y las manos que pesan mejor que los ojos: el sentido del peso se entrena.
Encerar sus zapatos
Cepillar, encerar y sacar brillo a sus propios zapatos: el gran ciclo del cuidado de los objetos.
Componer sus primeras palabras
Escribir « mamá » con letras que se colocan, antes de saber sujetar un lápiz: la magia del alfabeto móvil.
Exprimir un zumo de naranja
Cortar, exprimir, verter, servir: un zumo de verdad de principio a fin, ofrecido a alguien.
Doblar papel sobre la línea
Llevar la esquina hasta la esquina y marcar el pliegue: la precisión que prepara la geometría.
Par e impar
Colocar las fichas de dos en dos bajo cada número: los números muestran su secreto.
Las formas en la bolsa
Reconocer un cubo, una bola, una pirámide, solo con tocarlos en el fondo de una bolsa.
Los husos y el cero
Palitos que ordenar del 0 al 9 en sus casillas, y el descubrimiento de que el cero significa nada.
Componer un ramo
Cortar los tallos, llenar el jarrón, arreglar las flores y colocar el ramo en la mesa de la casa.
Sumar con fichas
Tres fichas y dos fichas que se reúnen: la primera suma, vista y hecha con sus propias manos.
Anudar y desanudar
Dos cintas, un nudo simple, y después el lazo: los dedos aprenden lo que exigirán los cordones.
Descubrir la decena
Diez cuentas ensartadas en un hilo se convierten en un solo objeto: eso es el diez.
Restar con fichas
Se quitan fichas y se mira lo que queda: la resta se convierte en un gesto.
Escribir una carta de verdad
Escribir a alguien que va a responder: la escritura por fin sirve para algo.
Lavar su cuenco
Dos barreños, una esponja, y su propio cuenco que vuelve a quedar limpio entre sus manos.
Trenzar tres tiras
Tres cintas que pasan una sobre otra, siempre en el mismo orden.
El volcán de bicarbonato
Bicarbonato, vinagre, y la montaña de arcilla empieza a desbordar de espuma coloreada.
Isla y lago en una bandeja
Tierra en medio del agua, agua en medio de la tierra: dos bandejas, dos palabras para la vida.
El puzle de los continentes
Seis formas de colores para colocar en su sitio en el mapa: el mundo entero cabe en la mesa.
¿De dónde viene esta fruta?
El plátano, la naranja, la manzana: cada una ha hecho un viaje, y se encuentra en el mapa.
El día y la noche con una naranja
Una lámpara, una naranja que gira despacio, una pegatina: y entiende por qué cae la noche.
Seguir su sombra al sol
Por la mañana la sombra es larga, a mediodía casi desaparece: ella misma cuenta la hora.