Escribir una carta de verdad
Escribir a alguien que va a responder: la escritura por fin sirve para algo.
Qué aporta la actividad
Escribir para que lo lea una persona de verdad. Mientras la escritura siga siendo un ejercicio, exige un esfuerzo sin nada a cambio. Una carta que sale en un buzón y vuelve en forma de respuesta le da al trazo su razón de ser, y es esa razón la que hace superar las dificultades.
El material
- Una hoja, un sobre, un sello
- Sus letras móviles o su alfabeto a mano, para buscar los sonidos
- La dirección de una abuela, de un primo, de alguien que responda de verdad
Cómo hacerlo, paso a paso
- Pregúntele a quién quiere escribir y qué quiere contarle.
- Él escribe como puede, buscando los sonidos, sin ningún modelo que copiar.
- Mete la hoja en el sobre y lo cierra él mismo.
- Escriba usted la dirección delante de él, y que él pegue el sello en la esquina.
- Lleva el sobre hasta el buzón y lo echa con su propia mano.
El papel del adulto
No corrija ninguna falta de ortografía, ni durante ni después. «te kiero muxo» se lee perfectamente y su abuela, la única destinataria, lo entenderá muy bien. Una carta pasada a limpio por el adulto deja de ser suya, y no volverá a pedir escribir otra. La respuesta que llega vale más que cualquier felicitación.
Seguridad
La dirección la escribe el adulto, y solo se escribe a personas conocidas de la familia. Nunca se menciona información personal más allá del nombre de pila.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: dictar el texto al adulto y firmar solo con su nombre.
- Más difícil: escribir también la dirección copiando un modelo.
- Para continuar: mantener una correspondencia seguida, una carta al mes.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 4-6 años.
Contar con fichas
Poner una ficha, decir un número. El número se convierte en algo que se toca.
Del más grande al más pequeño
Ordenar cinco objetos por tamaño, sin regla ni medidas. Solo el ojo y la mano.
Preparar la merienda
Pelar, cortar, emplatar, servir. Una merienda de verdad hecha por un niño de cinco años.
Recortar tiras de papel
Abrir, cerrar, avanzar. Las tijeras se domestican en pocas sesiones.
Poner la mesa contando
Cuatro platos, cuatro vasos, cuatro tenedores: contar de verdad, porque aquí sirve de verdad.
Escribir el nombre en la sémola
Una bandeja de sémola, un dedo, y un nombre que se borra de un gesto para volver a empezar.
Los números de lija
Números que se siguen con el dedo, en el sentido de la escritura, para que la mano los conozca antes de trazarlos.
Las letras de lija
Letras que se siguen con la punta de los dedos, en el sentido del trazo, diciendo su sonido: la mano aprende a escribir antes que el lápiz.
Coser una tarjeta perforada
Una aguja de punta roma, un hilo de lana, una tarjeta perforada: por encima, por debajo, por encima, y el orgullo de haber cosido.
Del más ligero al más pesado
Botes idénticos, contenidos distintos, y las manos que pesan mejor que los ojos: el sentido del peso se entrena.
Encerar sus zapatos
Cepillar, encerar y sacar brillo a sus propios zapatos: el gran ciclo del cuidado de los objetos.
Componer sus primeras palabras
Escribir « mamá » con letras que se colocan, antes de saber sujetar un lápiz: la magia del alfabeto móvil.
Exprimir un zumo de naranja
Cortar, exprimir, verter, servir: un zumo de verdad de principio a fin, ofrecido a alguien.
Doblar papel sobre la línea
Llevar la esquina hasta la esquina y marcar el pliegue: la precisión que prepara la geometría.
Par e impar
Colocar las fichas de dos en dos bajo cada número: los números muestran su secreto.
Las formas en la bolsa
Reconocer un cubo, una bola, una pirámide, solo con tocarlos en el fondo de una bolsa.
Los husos y el cero
Palitos que ordenar del 0 al 9 en sus casillas, y el descubrimiento de que el cero significa nada.
Componer un ramo
Cortar los tallos, llenar el jarrón, arreglar las flores y colocar el ramo en la mesa de la casa.
Sumar con fichas
Tres fichas y dos fichas que se reúnen: la primera suma, vista y hecha con sus propias manos.
Anudar y desanudar
Dos cintas, un nudo simple, y después el lazo: los dedos aprenden lo que exigirán los cordones.
Descubrir la decena
Diez cuentas ensartadas en un hilo se convierten en un solo objeto: eso es el diez.
Restar con fichas
Se quitan fichas y se mira lo que queda: la resta se convierte en un gesto.
Lavar su cuenco
Dos barreños, una esponja, y su propio cuenco que vuelve a quedar limpio entre sus manos.
Trenzar tres tiras
Tres cintas que pasan una sobre otra, siempre en el mismo orden.