El puzle de los continentes
Seis formas de colores para colocar en su sitio en el mapa: el mundo entero cabe en la mesa.
El puzle de los continentes es una actividad Montessori para un niño de 4-6 años. Ámbito: Descubrir el mundo. Duración: 20 min.
Qué aporta la actividad
Manipular los continentes como formas, nombrarlos uno a uno, y situar el suyo entre los demás.
El material
- Un planisferio impreso en grande, o dibujado, que sirva de fondo
- Los seis continentes recortados en cartulina de colores, cada uno de un color
- Una caja para guardarlos
- Una alfombra de trabajo bastante grande
Cómo hacerlo, paso a paso
- Extienda la alfombra y coloque el planisferio de fondo, bien plano.
- Saque los continentes de la caja, desordenados, a un lado.
- Coja África, recorra su contorno con dos dedos, despacio, y colóquela en su sitio.
- Haga lo mismo con Europa, y retírese.
- Deje que su hijo coloque los otros cuatro, sin intervenir aunque tantee.
- Cuando todo esté colocado, nombre los continentes uno a uno, y muestre el suyo con el dedo.
El papel del adulto
Recorrer el contorno con el dedo antes de colocar es el gesto esencial: es la mano la que aprende la forma, el ojo la sigue. El control del error está en el fondo del mapa, una pieza mal colocada no cubre su dibujo, y el niño lo ve sin usted.
Seguridad
Las piezas recortadas pueden tener bordes afilados, redondéelos antes de dárselas. El recorte lo hace el adulto. Guarden las piezas en su caja al final, un cartón dejado en el suelo acaba pisoteado.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: solo tres continentes, de formas muy distintas.
- Más difícil: coloca los continentes sin el fondo de mapa, sobre una alfombra vacía.
- Para continuar: coloquen una figurita de animal sobre cada continente, el elefante, el canguro, el oso polar.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 4-6 años.
Contar con fichas
Poner una ficha, decir un número. El número se convierte en algo que se toca.
Del más grande al más pequeño
Ordenar cinco objetos por tamaño, sin regla ni medidas. Solo el ojo y la mano.
Preparar la merienda
Pelar, cortar, emplatar, servir. Una merienda de verdad hecha por un niño de cinco años.
Recortar tiras de papel
Abrir, cerrar, avanzar. Las tijeras se domestican en pocas sesiones.
Poner la mesa contando
Cuatro platos, cuatro vasos, cuatro tenedores: contar de verdad, porque aquí sirve de verdad.
Escribir el nombre en la sémola
Una bandeja de sémola, un dedo, y un nombre que se borra de un gesto para volver a empezar.
Los números de lija
Números que se siguen con el dedo, en el sentido de la escritura, para que la mano los conozca antes de trazarlos.
Las letras de lija
Letras que se siguen con la punta de los dedos, en el sentido del trazo, diciendo su sonido: la mano aprende a escribir antes que el lápiz.
Coser una tarjeta perforada
Una aguja de punta roma, un hilo de lana, una tarjeta perforada: por encima, por debajo, por encima, y el orgullo de haber cosido.
Del más ligero al más pesado
Botes idénticos, contenidos distintos, y las manos que pesan mejor que los ojos: el sentido del peso se entrena.
Encerar sus zapatos
Cepillar, encerar y sacar brillo a sus propios zapatos: el gran ciclo del cuidado de los objetos.
Componer sus primeras palabras
Escribir « mamá » con letras que se colocan, antes de saber sujetar un lápiz: la magia del alfabeto móvil.
Exprimir un zumo de naranja
Cortar, exprimir, verter, servir: un zumo de verdad de principio a fin, ofrecido a alguien.
Doblar papel sobre la línea
Llevar la esquina hasta la esquina y marcar el pliegue: la precisión que prepara la geometría.
Par e impar
Colocar las fichas de dos en dos bajo cada número: los números muestran su secreto.
Las formas en la bolsa
Reconocer un cubo, una bola, una pirámide, solo con tocarlos en el fondo de una bolsa.
Los husos y el cero
Palitos que ordenar del 0 al 9 en sus casillas, y el descubrimiento de que el cero significa nada.
Componer un ramo
Cortar los tallos, llenar el jarrón, arreglar las flores y colocar el ramo en la mesa de la casa.
Sumar con fichas
Tres fichas y dos fichas que se reúnen: la primera suma, vista y hecha con sus propias manos.
Anudar y desanudar
Dos cintas, un nudo simple, y después el lazo: los dedos aprenden lo que exigirán los cordones.
Descubrir la decena
Diez cuentas ensartadas en un hilo se convierten en un solo objeto: eso es el diez.
Restar con fichas
Se quitan fichas y se mira lo que queda: la resta se convierte en un gesto.
Escribir una carta de verdad
Escribir a alguien que va a responder: la escritura por fin sirve para algo.
Lavar su cuenco
Dos barreños, una esponja, y su propio cuenco que vuelve a quedar limpio entre sus manos.
Trenzar tres tiras
Tres cintas que pasan una sobre otra, siempre en el mismo orden.
El volcán de bicarbonato
Bicarbonato, vinagre, y la montaña de arcilla empieza a desbordar de espuma coloreada.
Isla y lago en una bandeja
Tierra en medio del agua, agua en medio de la tierra: dos bandejas, dos palabras para la vida.
¿De dónde viene esta fruta?
El plátano, la naranja, la manzana: cada una ha hecho un viaje, y se encuentra en el mapa.
Escuchar su corazón
Un embudo, un tubo, y el ruido regular de su propio corazón que nunca habían oído.
El día y la noche con una naranja
Una lámpara, una naranja que gira despacio, una pegatina: y entiende por qué cae la noche.
Seguir su sombra al sol
Por la mañana la sombra es larga, a mediodía casi desaparece: ella misma cuenta la hora.