Meter el brazo por la manga
Vestirse entre dos ya es vestirse: él estira el brazo, usted sujeta la manga.
Meter el brazo por la manga es una actividad Montessori para un niño de 12-18 meses. Ámbito: Vida práctica. Duración: 5 min.
Qué aporta la actividad
Convertirse en protagonista de vestirse anticipando el gesto esperado, en vez de sufrirlo.
El material
- Una chaqueta o un jersey de mangas anchas
- Un lugar tranquilo, sin prisas
- Tiempo: es la única condición que importa
Cómo hacerlo, paso a paso
- Presente la manga abierta delante de su brazo, sin ponérsela usted.
- Espere, inmóvil, mirando su mano.
- Si no se mueve, dé un golpecito en la abertura de la manga.
- En cuanto avance el brazo, aunque sean dos centímetros, acompañe sin tirar.
- Haga lo mismo con el segundo brazo, siempre esperando.
El papel del adulto
La espera es toda la actividad. Vestir a un niño lleva treinta segundos, ayudarle a vestirse lleva cinco minutos, y son esos cinco minutos los que construyen algo. Nombre lo que ocurre una vez, no diez.
Seguridad
Compruebe que ningún cordón cuelga a la altura del cuello, los cordones de las capuchas son peligrosos. No fuerce nunca un brazo que se resiste: el codo de un niño se disloca fácilmente si se tira de la mano.
Solo usted puede juzgar qué le conviene a su hijo. Estas actividades tienen un fin educativo y lúdico: no sustituyen ni el consejo médico ni el acompañamiento de un profesional de la primera infancia.
Para adaptar la actividad
- Más fácil: la manga ya puesta hasta el codo.
- Más difícil: él empuja la mano hasta sacarla por el final.
- Para continuar: el abrigo extendido en el suelo, con la capucha hacia él, que se pone volteándolo.
Para seguir
Otras actividades para un niño de 12-18 meses.
Comer solo con la cuchara
Un cuenco pesado, un puré espeso, y la cuchara que por fin llega a su destino.
Quitarse los calcetines
El primer gesto de vestirse se hace al revés: primero se aprende a quitar, luego a poner.
Guardar un juguete en la cesta
Un objeto, una cesta, un sitio: el orden empieza siempre por una sola cosa.
Lavarse la cara con la manopla
Una manopla tibia, un espejo a su altura, y el primer cuidado que se da él mismo.
Tirar a la papelera
Llevar el papel hasta la papelera y soltarlo dentro: una misión completa.
El espejo en el suelo
Un espejo colocado bajo, y un niño que descubre, mirando largo rato, que esa cara es la suya.
La botella sensorial
Agua, purpurina, un tapón pegado: el mundo se vuelve lento dentro de una botella.
La cesta de las telas
Seda, lana, terciopelo: la mano aprende a distinguir antes que las palabras.
Frío o tibio
Dos manoplas, dos temperaturas, y una sensación que por fin tiene nombre.
Golpear las cacerolas
Una cuchara de madera, tres cacerolas, y la primera orquesta de la casa.
Sacar los pañuelos de la caja
Una caja de pañuelos, telas anudadas, y un tirar que parece no acabarse nunca.
Soltar las pelotas en la cesta
Coger es fácil, soltar en el momento justo es todo un aprendizaje.
Encajar los vasos
Tres vasos, tres tamaños: el más pequeño siempre termina entrando en el más grande.
Pasar las páginas de cartón
El libro es un objeto antes de ser una historia, y la página se pasa con dos dedos.
El tubo de las pelotas
La pelota entra por arriba, desaparece, y sale por abajo: magia mecánica, para repetir cien veces.
Abrir y cerrar un cajón
Un cajón bajo, solo para él, con siempre la misma cosa dentro.
Contar los gestos del baño
El baño se convierte en una lección de vocabulario, con solo nombrar lo que se hace mientras se hace.
Nombrar lo que se ve por la ventana
Nada que preparar: el mundo pasa al otro lado del cristal y espera a que lo nombren.
El álbum de las caras de la familia
Fotos de verdad de la gente que quiere, en un álbum que abre él solo.
El cucú con el pañuelo
La cara desaparece, la cara vuelve: el juego que demuestra que lo que se va puede volver.
Llenar y vaciar
El cubo lleno, el cubo vacío, y el trayecto incansable del uno al otro.
Dentro, fuera
El objeto entra en la caja, el objeto sale de la caja: la primera noción de espacio.
La cesta de frutas y verduras
Frutas de verdad, pesadas y perfumadas, para sopesar bien antes de comerlas.
El paseo a la altura del niño
Cincuenta metros en veinte minutos: el paseo más lento, y el más rico.